Porthos, uno de los Mosqueteros
de la novela de Alejandro Dumas se llamaba en realidad Isaac de Portau, nacido en Pau
en el año 1617 y nombrado mosquetero en 1643.
Para escribir su novela, Alejandro Dumas se inspiró en las Memorias de D’ARTAGNAN -COURTILZ DE SANDRAS, publicadas en 1701.
Odile Bordas, autor del libro
sobre los caminos de D’Artagnan y de los Mosqueteros (Editorial Balzac) evoca a
Isaac de Portau, alias Porthos:
En el castillo de Lanne con Porthos
“Siguiendo el
camino hacia Mauléon por el valle de Barétous, llegamos a Lanne. El castillo y sus dependencias
cercanas a la iglesia forman un solo decorado ¡digno de los mosqueteros a
caballo de la guardia del rey! Aquí, según la tradición local, vivió el más
exuberante de todos ellos, ¡Porthos!
Isaac de Portau, alias PORTHOS
Su verdadero nombre, Isaac de Portau, el futuro
mosquetero igualmente inmortalizado por Alejandro Dumas, nació el 2 de febrero
de 1617 en Pau, donde su abuelo trabajó como supervisor de las cocinas del Rey
de Navarra. Fue su padre Isaac, secretario del Rey y de los Estados de Navarra,
así como notario general de Béarn, quien fue ennoblecido tras comprar algunos
bienes señoriales. Casado en segundas nupcias con Ana D’Arrac de Gan, familia
protestante relacionada con los señores de La Force, Isaac padre tuvo entonces
dos hijos y una hija: Juan, controlador de las guerras y secretario de los
Estados de Verán; Isaac, el fututo mosquetero, y Jeanne.
Al igual que D’Artagnan y Athos, Isaac de Portou trabajó
como cadete en el régimen de la Guardia Francesa en la compañía del Sr. de Essarts, cuñado de Tréville, antes
de entrar en la compañía de los Mosqueteros, dirigida por el influyente
capitán.
De la misma manera que Aramits, se retiró del servicio en
1646, tras la disolución de la compañía, y reinó en su Béarn natal... fue allí,
en ese castillo de Lanne, donde Isaac de Portau prefirió residir.
En la entrada del
pueblo, junto a la iglesia que constituía por ese entonces la capilla del
castillo, se sitúa la residencia, una hermosa construcción de una sola planta y
tejados de gran pendiente.
El castillo, en
perfecta armonía de sus proporciones y en la sobriedad de su estilo, cuenta con
dos torres cuadradas que le confieren su aspecto señorial. Se trata de una
mansión característica de la arquitectura de Béarn, cuyas ventanas
arqueadas de la fachada posterior ofrecen una increíble vista del valle, la
rivera, el arroyo Vert y, a lo lejos,
en el horizonte, las montañas.
El castillo, así
como las puertas y postigos permanecen cerrados.*
El terremoto que
asoló durante los años 60 la ciudad vecina de Arette deterioró el interior del castillo, y no por ello ha perdido
su encanto. La puerta y escalera de entrada bastan para despertar la
imaginación.
Al atardecer, ¿no
esperamos ver surgir la poderosa silueta de su dueño y oírle dar la bienvenida
al invitado?
Más abajo, en el
camino, justo antes del anochecer, debe
resonar todavía hoy el eco de una última procesión, o el regreso de un día de
caza…
Una vez que
anochecía, sentado junto a la chimenea, había cosas que contar al Sr. de Portau. ¡Qué de recuerdos se han de
evocar! Recuerdos de sus antiguos compañeros, de aquéllos que ya no lo eran…
Athos… ¡y de tantos otros más…! Se recordaban los interminables días de combate
en las llanuras del norte asoladas por la guerra, la muerte, tan frecuente por
ese entonces… el regreso al país con aquéllos que se iban conociendo en el
camino, aquéllos que habían vuelto, tan llenos de recuerdos también… Tréville, su antiguo capitán; Aramits, el vecino… Paul de Castelmore, ¡coronado de sus propias hazañas y de la gloria
de su hermano…!”
* Este texto es
anterior a la restauración del castillo en 2005
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